Las vacaciones que mejor sientan son las que te montas a contracorriente: justo cuando los demás vuelven al trabajo, tú te largas por ahí...
Viajas en temporada media o baja, con el consiguiente ahorro económico, los destinos no están tan masificados y, qué demonios, das mucha más envidia cuando vuelves a todos los que llevan ya varios días trabajando. Jejejejeje...
Si a esto le sumas que el destino elegido es
Marrakech, a visitar en 6 tranquilos días, la cosa no puede pintar mejor.
Marrakech, qué lugar para perderse y desconectar de la vida occidental...
Sus zocos, endiablados laberintos por los que perderse, quieras o no; sus gentes, en las zonas más turísticas demasiado "atentas" con el turista, llegan a cansar si uno no se lo toma con calma; el ritmo vertiginoso del día a día, esquivando motos, burros y bicis, casi siempre cargados hasta límites insospechados, son los transportistas de la ciudad por sus calles estrechas y teóricamente peatonales...
La llegada.Nuestra primera sensación cuando llegamos a Marrakech fue de desamparo: era ya noche cerrada, aunque las tiendas aún no habían cerrado, las maletas hacían un ruido que atraían las miradas de todo el mundo, nadie iba a venir a buscarnos para guiarnos al Riad, y
la orientación mediante un mapa (croquis bajado de la web, más bien) en la parte vieja de la ciudad (donde estaba nuestro Riad)
era, sencillamiente, imposible.
Así que tuvimos que confiar en unos chavales a los que no entendíamos, que no entendían nuestro ¿francés?, que nos "arrastraban" hacia calles oscuras y alejadas del bullicio y la gente de los zocos, para llegar, finalmente, a un callejón mal iluminado, con un candil encendido al final de éste, sin letreros ni distintivos que nos indicaran que estábamos en el lugar correcto, para comprobar que nadie salía a abrirnos cuando por fin llamamos al timbre... ¿Estábamos realmente en la puerta del Riad Douzi? En esos momentos de calma tensa caímos en que no habíamos avisado de la hora de nuestra llegada (oh, no), los chavales hablaban entre ellos en árabe (o francés, en esos momentos entendíamos igual de bien cualquiera de los dos idiomas: NADA), nos miraban y se reían (lo mínimo que habríamos hecho cualquiera en
su lugar, pero en el
nuestro...).

Bueno, no alarguemos más el relato: alguien había apuntado un número de móvil del dueño, le llamamos y entre nuestro francés y la ayuda de uno de los chavales, conseguimos entendernos y llegó en unos pocos minutos (había ido a acompañar a unos turistas a coger un taxi), para poner fin a una mini-aventura de bienvenida que culminó con la visión de un Riad maravilloso, tranquilo y muy bien acondicionado:
EL RIAD DOUZI.Desde el primer día en que pisamos el Riad pensé en recomendárselo a todo el mundo pero, por desgracia, el dueño del Riad (Medy) nos dijo que en un par de meses iban a transformarlo en un restaurante... :( Aún así nos dijo que tenían otro acondicionado de igual modo, así que no quiero dejar pasar la oportunidad de recomendarle, a todo el que vaya a dormir alguna noche en Marrakech, que intente contactar con él: